martes 22 de septiembre de 2009

Sin dudas


Ya no le cabe ninguna duda que era amor. Incluso si viniese dios y le dijera que no lo era, no le creería. Le preguntaría "¿cómo explicas que un escalofrío me recorra la piel cada vez que leo sus palabras?". Era la señal que sólo ella reconocería.

Su paradigma de vida estaba cambiando y la mano que había encontrado en la caja de manos frías tenía mucho que ver. De hecho estaba incluído en las miras de un futuro. Ya no sentía los miedos e inseguridades que alguna vez la atormentaron; se sentía completamente enamorada y en libertad de acción. Se sentía segura, y los celos no eran reflejo de su inseguridad, sino que el querer sazonar el vínculo; esas ganas de generar discusiones sólo en busca de la reconciliación.

El filósofo había logrado revivir lo que ella creía muerto.
Su manera oculta de demostrar amor se iría haciendo cada vez más evidente, pero sólo ante los ojos de él.

martes 11 de agosto de 2009

Pies


Le regaló sus pies. Autorizó para que los tocara, acariciara, soplara y mirara.
Le regaló su voluntad. Le regaló su alma.

domingo 2 de agosto de 2009

Manos frías


Siempre buscó lo equivocado. Siempre anheló manos tibias, que cubrieran las suyas. ¡Cuán equivocada estaba! Por eso nunca encontró nada. Tenía que buscar en la caja de manos heladas... ahí encontraría lo que necesitaba. Unas perfectas manos heladas... con uñas hermosas y dedos delgados. Un hueso medio rebelde, y piel. Piel que cuando tocaba la suya la transportaba al mar, a sus vaivenes, a su suavidad. Que al contacto de ambas dejaban de ser frías.

No había nada más agradable para ella que sentir esas manos frías. Sí, lo había: enloquecía cuando su piel las entibiaba.

miércoles 27 de mayo de 2009

Mirando hacia el cielo

Siempre camino mirando hacia arriba.
Nunca sabes con qué te encontrarás. Fantaseo con ver la silueta de una pareja haciendo el amor en lo que ellos creen es la soledad de sus alturas. O alguien llorando. O alguien fumando. No sé.

El otro día estaba en eso, cuando la persona que estaba a más de 8 pisos de mí, me mira fijamente. "no, no lo conozco" pensé. Seguí mirando por los cinco segundos que mi campo visual me permitió, y él hacía lo mismo. Sólo atiné a sonrerir. Él también.

Fuimos dos en la ciudad, por menos de cinco segundos.

domingo 3 de mayo de 2009

A lo lejos... un espejismo?

Sin siquiera imaginarlo se veía una posibilidad de mano, especialmente ESA mano. Su torpeza, si bien le sacaba de quicio, le encantaba. Y aunque odiara ser tan idiota, era parte de sí. Le gustaba pensar que la vida le volvería a regalar momentos perfectos. Pero tenía miedo... mucha niebla; quizás le embobó un poco las neuronas (quizás se las quemó)...
Seguía preguntándose por qué tenía que ser tan masoquista. Quizás le gustaba autocompadecerse, pero ahí, donde nadie pudiese verla.
Tendrá que esperar a que ciertas letras le iluminen el camino.

No tenía más opción.

sábado 2 de mayo de 2009

La hora

Se acercabala hora más esperada de la jornada... aquélla donde la cortina metálica se bajaba y todos los empleados iban a cambiarse de ropa para retornar a casa, salir a divertirse o quizás ir a algún otro lugar un poco más lujurioso. Quién sabe.
El asunto es que esa noche fue diferente para ella. Pasado media noche, la oscuridad de Santiago la esperaba con una espesa niebla. Las calles estaban desoladas, una que otra pareja buscando rincones oscuros para, ridículamente, evitar ser vistos.
Había garúa, y ella disfrutaba un mocca, de esos de máquina. Sentía temor al caminar sola a esas horas por el peligroso Santiago, pero la música en sus audífonos la hizo relajar. Caminó, caminó. Prendió un cigarro. Lo único que le faltaba era una mano tibia que tomar, pero por supuesto el momento hubiese sido perfecto; y como la vida raramente los ofrece no tuvo más que preguntarse dónde estaría esa mano que le faltaba.
Comenzó a fantasear. "Cuando llegue a esa esquina, encontraré esa mano que busco" pensó, pero la decepción de cuatro semáforos consecutivos le hizo desistir y no le quedó más que esperar la micro, sola con su música. "Por lo menos ella me sostiene el alma", pensó.

martes 14 de abril de 2009

Y al fin se dio cuenta que nunca había dejado de caer. Era sólo que su cerebro se había acostumbrado al precipicio... a la caída interminable. Esa que le daba tiempo para autoengañarse y creer que era feliz, que no necesitaba de nadie.
Error, error, error.
Necesitaba un manual de cómo vivir la vida que le había sido asignada. Pero quizás da lo mismo. Quizás solo un sueño reparador calme las hormonas que la hacen sentir tan miserable. ¿Y si mañana vuelven a desperar? ¿Y si vuelven a hacerla mirar el precipicio? ¿Hasta cuándo su conciente soportará este vaivén?
Quizás todo lo que necesita es un beso, para morir tranquila.